miércoles, 26 de junio de 2013

Besos


Besos, ¿Acaso hay algo mejor que los besos?, estos son agradables de todas las maneras, en la mejilla, en la frente, en la espalda, en los labios... Hay mil tipos de besos y mil formas de besar, no besamos igual a un amigo que a un novio, ni te besa igual un padre que una persona al presentarse. 

Pero sin duda el mejor de los besos es aquel que viene de nuestra pareja, aquel que te ruboriza y te eriza el bello, aquel que fluye sin pensarlo, aquel que dura minutos y pareció durar un instante. Aquel que paraliza todo lo que ocurre a tu alrededor, haciéndote creer que solo estáis tú y él en el mundo,

¿Y el primer beso? Bueno al principio es una sensación rara, intercambio de saliva, roce de labios, en ocasiones, incluso de lenguas, pero pasados unos instantes... ¿A quien no le gusta esa sensación? No hay nada tan especial como un beso de tu pareja, sin duda alguna, no hay nada tan romántico como eso.

Sin embargo, no le damos a los besos el valor que se merecen, nunca nos paramos a plantearnos que sin besos el mundo sería muy frío... Llegamos a casa después de haber estado mucho tiempo fuera y saludamos a la familia con un beso, pero ¿Y si estos no existieran que haríamos? Decir: “hola papá”, “hola mamá”, “hola familia” u “hola cariño”, pero ¿Y el beso que culminaría el sentimiento de alegría por verles?. Estamos con nuestra pareja y decimos: “te quiero”, “te amo”, “eres la mujer de mi vida”, pero ¿Y el beso que demostraría ese amor expresado?. 

El mundo sería distinto sin los besos, no llegaríamos a conectar de la misma manera con las personas sin ellos, ni seríamos capaces de demostrar ciertos sentimientos en su totalidad, es por ello que debemos valorar los besos como uno de los tesoros más preciados del ser humano.

En un beso, sabrás todo lo que he callado.” (Pablo Neruda)

La primera vez


Después de haber hablado varias veces en mis entradas de la primera vez, llega la hora de que dedique una entrada a este tema.

La primera vez, ese tema del que todas llegadas a una cierta edad queremos tener información. ¿Duele? ¿Sangras? ¿Disfrutas?... esas son algunas de las muchas preguntas que, sobretodo, las mujeres nos hacemos.

Lo cierto es que no hay una descripción concreta para este acto, no todas tenemos por que sangrar, ni a todas nos tiene por que doler, pero lo que si es cierto es que esta experiencia es única e inolvidable y por ello debemos tener claro que lo hacemos porque queremos y con quien queremos, con aquel chico del que estamos enamoradas. 

Muchas chicas creen que debe pasar un tiempo desde que empiezas a salir con tu pareja hasta que llega ese gran momento, pero en realidad una persona puede estar preparada el tercer día como otras pueden necesitar meses, esto depende de la seguridad que tengan en querer hacerlo y es por eso que cada chica lleva su tiempo, no debemos hacerlo por complacer a la pareja sino cuando estemos preparadas para ello.

La primera vez nunca es como la imaginamos, en realidad es bastante decepcionante, porque al no tener experiencia no se disfruta nada, entre los nervios, el miedo a manchar las sábanas y la inquietud de si dolerá o no... Pero no por ser decepcionante tiene que ser un mal recuerdo ya que si tu chico te cuida vas a ver por primera vez lo mucho que te quiere, porque no hará nada que te incomode.

Cuanto más nerviosa se esté más contraemos los músculos y por tanto más probabilidades de que nos duela, por eso es mejor estar relajadas pensando que esta ocurriendo algo único en nuestra vida, con el chico perfecto.

En resumen, lo importante de la primera vez no es tenerla a los 15, 17 o 19, lo importante es que ocurra cuando estamos preparadas con el que nosotras vemos como nuestro chico perfecto en ese momento. 

Pero, ¿Y si llega el momento en el que se acaba el amor con ese chico con el que hemos perdido nuestra virginidad? No pasa absolutamente nada, por lo general la primera vez nunca será con el hombre de nuestras vidas, pudimos pensar que lo era y al final no lo fue... pero no por esto debemos borrar nuestra primera vez del mapa, debemos recordarla como algo bonito que ocurrió en el pasado. 

Tampoco debemos preocuparnos por no entregar nuestra virginidad a nuestro siguiente novio por haberla perdido ya puesto que la primera vez con un nuevo novio será otra vez TU PRIMERA VEZ, pero incluso mejor.

Esto demuestra que no es el cómo, ni el cuando, ni la condición de ser virgen o no, lo que importa sino el sentimiento que se ponga en el acto, la forma en la cual confiamos en una persona y nos entregamos por completo a ella.

martes, 25 de junio de 2013

La rana que nunca debió ser príncipe y el príncipe que nunca debió ser rana


“C” era la princesa más insegura del reino, nunca había tenido una relación adulta y su esperanza de que el príncipe llegara parecía difuminarse con el paso de cada día. Muchas de las chicas de su clase ya tenían novio y habían entregado su virginidad a esos chicos, incluso su mejor amiga. Toda aquella situación hacía sentir a la princesa fea, gorda, antipática... Llegando a estar su autoestima por los suelos.

Llegaba el día de su cumpleaños y lo iba a celebrar en un hotel del reino, iría con sus amigos a la piscina, al spa y lo pasarían genial. El día de la fiesta despertó emocionada por saber lo que sucedería. Pero no imaginó que algo empezaría...

Era un sábado espléndido “C” estaba con sus amigos pasándolo en grande, pero había algo extraño y es que aquel chico con el que había estado a los 13 años había empezado, inesperadamente, un tonteo con ella. 

Al caer la noche la princesa fue hechizada por aquel chico y el beso llegó, ella se enamoró y él... al parecer también. 

“C” saltaba de felicidad, pero lo que parecía ser el príncipe azul no era más que una equivocación de cupido.

A los dos meses ella entregó su virginidad a este chico, creyendo que él sería el amor verdadero, pero a partir de ese momento la relación empezó a cambiar... Ambos empezaron a distanciarse, él alegaba que era debido a los exámenes y ella se lamentaba sabiendo que aquello no iba bien, pensando que solo el la había querido y que nadie la volvería a querer en la vida, por eso se esforzaba por mantenerse unida a él. 

Pero la princesa no tenía miedo a perder a aquel chico puesto que ya no estaban enamorados tenía miedo a quedarse sola...

Cupido ya hacía tiempo que había descubierto su error, incluso antes que los protagonistas de sus fallidos flechazos, por eso había vuelto a lanzar dos flechas esta vez certeras...

“C” tenía un muy buen amigo al que le contaba prácticamente todo, su novio y su amiga le decían que este chico, “L”, estaba enamorado de ella que se le veía en la mirada, pero ella insistía en que no había nada más allá de una amistad. 

El tiempo pasó, el verano separó a la princesa de su novio y con esto ella descubrió lo insustancial que era aquella relación pero aterrada por no volver a encontrar a otro chico insistía en mantener algo que ya no existía... Al acabar el verano nada cambió su novio era como un amigo más, así que llegadas las navidades y harta de luchar sola le dejó, dejándole marchar... Deshaciendo aquello que cupido jamás debió unir, dándose cuenta de que aquel que ella creía príncipe siempre había sido una rana.

Su amigo, “L”, le ayudó a sobrepasar aquella soledad durante meses, poco a poco le iba haciendo ver que aquel chico nunca la mereció. Por fin cupido les tenía donde quería, esta vez sí, había dado de pleno en sus blancos.

Un día aquel amigo tal vez animado por algún que otro brebaje que había bebido, se decidió a desvelarle a la princesa su gran secreto... LA AMABA.

En un principio la princesa cegada por su obsesión, le dijo que era imposible, que ellos no estaban hechos para estar juntos, solo podían ser amigos. Pero pasaron unos días y “C” descubrió que hacía meses que amaba a aquel chico, que no paraba de pensar en el durante el día y que por las noches pasaba horas hablando con él. Por ello la princesa desveló a “L” que ella también le amaba, empezando así su verdadera historia de amor.

Aquella chica ya había encontrado a su príncipe y este a su princesa, cupido batía sus alas en señal de alegría al verles unidos, nadie apostó nunca por esta relación pero a pesar de esto “C” y “L” fueron y son felices y comieron y comen perdices.

“COLORÍN COLORADO ESTE CUENTO SE HA ACABADO”.


Moraleja: A veces convertimos a la rana en príncipe sin saberlo y al príncipe lo convertimos en rana antes de conocerlo.