“C” era la princesa más insegura del reino, nunca había tenido una relación adulta y su esperanza de que el príncipe llegara parecía difuminarse con el paso de cada día. Muchas de las chicas de su clase ya tenían novio y habían entregado su virginidad a esos chicos, incluso su mejor amiga. Toda aquella situación hacía sentir a la princesa fea, gorda, antipática... Llegando a estar su autoestima por los suelos.
Llegaba el día de su cumpleaños y lo iba a celebrar en un hotel del reino, iría con sus amigos a la piscina, al spa y lo pasarían genial. El día de la fiesta despertó emocionada por saber lo que sucedería. Pero no imaginó que algo empezaría...
Era un sábado espléndido “C” estaba con sus amigos pasándolo en grande, pero había algo extraño y es que aquel chico con el que había estado a los 13 años había empezado, inesperadamente, un tonteo con ella.
Al caer la noche la princesa fue hechizada por aquel chico y el beso llegó, ella se enamoró y él... al parecer también.
“C” saltaba de felicidad, pero lo que parecía ser el príncipe azul no era más que una equivocación de cupido.
A los dos meses ella entregó su virginidad a este chico, creyendo que él sería el amor verdadero, pero a partir de ese momento la relación empezó a cambiar... Ambos empezaron a distanciarse, él alegaba que era debido a los exámenes y ella se lamentaba sabiendo que aquello no iba bien, pensando que solo el la había querido y que nadie la volvería a querer en la vida, por eso se esforzaba por mantenerse unida a él.
Pero la princesa no tenía miedo a perder a aquel chico puesto que ya no estaban enamorados tenía miedo a quedarse sola...
Cupido ya hacía tiempo que había descubierto su error, incluso antes que los protagonistas de sus fallidos flechazos, por eso había vuelto a lanzar dos flechas esta vez certeras...
“C” tenía un muy buen amigo al que le contaba prácticamente todo, su novio y su amiga le decían que este chico, “L”, estaba enamorado de ella que se le veía en la mirada, pero ella insistía en que no había nada más allá de una amistad.
El tiempo pasó, el verano separó a la princesa de su novio y con esto ella descubrió lo insustancial que era aquella relación pero aterrada por no volver a encontrar a otro chico insistía en mantener algo que ya no existía... Al acabar el verano nada cambió su novio era como un amigo más, así que llegadas las navidades y harta de luchar sola le dejó, dejándole marchar... Deshaciendo aquello que cupido jamás debió unir, dándose cuenta de que aquel que ella creía príncipe siempre había sido una rana.
Su amigo, “L”, le ayudó a sobrepasar aquella soledad durante meses, poco a poco le iba haciendo ver que aquel chico nunca la mereció. Por fin cupido les tenía donde quería, esta vez sí, había dado de pleno en sus blancos.
Un día aquel amigo tal vez animado por algún que otro brebaje que había bebido, se decidió a desvelarle a la princesa su gran secreto... LA AMABA.
En un principio la princesa cegada por su obsesión, le dijo que era imposible, que ellos no estaban hechos para estar juntos, solo podían ser amigos. Pero pasaron unos días y “C” descubrió que hacía meses que amaba a aquel chico, que no paraba de pensar en el durante el día y que por las noches pasaba horas hablando con él. Por ello la princesa desveló a “L” que ella también le amaba, empezando así su verdadera historia de amor.
Aquella chica ya había encontrado a su príncipe y este a su princesa, cupido batía sus alas en señal de alegría al verles unidos, nadie apostó nunca por esta relación pero a pesar de esto “C” y “L” fueron y son felices y comieron y comen perdices.
“COLORÍN COLORADO ESTE CUENTO SE HA ACABADO”.
Moraleja: A veces convertimos a la rana en príncipe sin saberlo y al príncipe lo convertimos en rana antes de conocerlo.