Defectos, todos los tenemos, unos más otros menos, unos los reconocemos otros no. Pero si algo he comprendido es que son los defectos lo que en parte nos diferencian de los demás, lo que nos hace inconfundibles y sin duda son esa sal que le damos a nuestra personalidad de forma natural, para que la gente, simplemente, nos odie o por el contrario nos adore.
Cuando conoces a una persona, por lo general, ves lo positivo por lo que esta está envuelta pero cuando transcurre el tiempo y conoces a esa persona más a fondo comienzas a descubrir sus defectos, pues cuando estamos cómodos con alguien dejamos de intentar ser perfectos y nos quitamos la coraza siendo realmente nosotros. En definitiva, somos como un regalo, cuando no lo has abierto el papel parece tan bonito que piensas que lo que habrá dentro será genial, pero a veces nos decepcionamos al abrirlo y ver que lo que hay dentro no nos gusta tanto como el envoltorio.
Lo curioso de los defectos es que, aunque la mayoría de las veces producen esa reacción de rechazo, hay personas que se enganchan a tus defectos tanto como a tus virtudes, comprenden que tal vez si no tuvieses esa forma de ser no serías la persona que has conformado a lo largo de los años. Es por esto por lo que tu familia, tus verdaderos amigos e incluso tus parejas al final te quieren tal y como eres.
No podríamos imaginar a nuestros padres sin su manera de llevarnos la contraria siempre, no podríamos imaginar a nuestras mejores amigas sin sus “momentos cabezotas“, ni tan si quiera podríamos imaginar el tener una pareja sin defectos. Como ellos jamás podrán imaginarte a ti sin tus locuras, sin que seas tan vaga o, simplemente, sin ser como eres.
Somos lo que somos gracias a los defectos puesto que las virtudes se pueden adquirir con el tiempo, pero los defectos los traemos de serie. Los defectos conforman nuestra personalidad y nuestra verdadera forma de ser. Gracias a ellos no hay dos personas iguales en el mundo, son la huella dactilar de la personalidad.
Solo aquellos que realmente nos aprecian entienden nuestros defectos sin llegarles a molestar, los ven como una virtud más de las muchas otras que podemos poseer.
Por esto: “Quien me quiera querer que lo haga con mis defectos”
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