miércoles, 21 de noviembre de 2012

Crecer


Cuantas veces, siendo unos niños, soñamos con crecer para que papá y mamá no nos estuviesen controlando todo el día o simplemente para estar cualificados para poder hacer “cosas de mayores”. Soñábamos con tener un príncipe azul, una casa rosa y cuatro hijos.

Pero esta necesidad de independencia se incrementa en la adolescencia, cuando pedimos a gritos intimidad y todo lo que nos dicen nuestros padres nos molesta, todo tema del que se habla se convierte en discusión. Lo único que quieres cuando tienes quince años es cumplir los ansiados dieciocho y poder irte a vivir a un piso con tu mejor amiga e ir a la universidad. 

Lo cierto es que cuando vas acercándote a la mayoría de edad la espera se va haciendo cada vez más eterna, quieres cumplir 18 años cuanto antes, para así poder salir de fiesta con tus amigos y cuando el portero te pida el DNI al entrar en la discoteca sacarlo satisfactoriamente porque ya eres “mayor”.

Una vez cumples los 18 te das cuenta de que nada es como te lo habían pintado, “¡harás lo que te de la gana cuando seas mayor de edad!”, eso decían tus padres cuando eras un crío pero no es cierto, ya que cuando llegas a los dieciocho esta frase cambiará, “¡mientras vivas bajo mi mismo techo y sea con mi dinero haces lo que yo te diga!”. Lo peor es que además de que realmente no eres independiente tienes más responsabilidades. 

Aunque ya a estas alturas te habrás dado cuenta de que ser mayor de edad no es tan bonito como lo parecía lo peor está por llegar. Acabas el instituto y decides irte a estudiar fuera, además tus amigos y tu novio también se van a estudiar a la misma provincia que tu, si es así todo genial porque no tendrás que distanciarte de ellos, pero si tendrás que distanciarte de tu familia. Por eso ese verano aprovecharas para hacer todo lo que no has hecho nunca con tu familia y estarás con ellos todo el tiempo posible. 

Acaba el verano, te vas a vivir sola a una gran ciudad, en comparación a tu pequeña isla o a tu pequeño pueblo, te vas sola porque vivir con tu novio siendo tan jóvenes igual sería un error entre cuyas consecuencias podría estar la separación de la pareja. Antes de irte llegan las horribles despedidas de tu familia, de tu perro y de algunos amigos, que no son muy cercanos a ti pero que aún así da pena perderlos de vista. Antes de irte estás una semana llorando como una magdalena, pero sabes que lo mejor para ti es irte así que llega el día y coges un avión rumbo a tu nueva vida. 

Ya eres independiente aunque con el dinero de tus padres, algo muy estresante porque como gastes mucho te cortan la cabeza. Los primeros días son horribles te pasas los días llorando y cada vez que hablas por teléfono con un familiar es un drama, además tus amigos están igual que tu y todo es muy deprimente. Pero empiezan las clases conoces a muchas personas, algunas de las cuales se convertirán en tus amigas, y te vas adaptando dejas de llorar y empiezas a disfrutar, de momento las tareas del hogar las llevas bien aunque nadie te ayude. Tu novio y tu os quedáis a dormir juntos en muchas ocasiones y salís a pasear, todo es perfecto. Hasta que empiezas con exámenes y las clases ya son algo muy serio, porque en ese momento empieza el estrés de verdad, que si tienes que limpiar pero mañana tienes examen, que si no tienes comida y tienes que hacer un seminario... Es en este momento en el que quieres que alguien invente la máquina del tiempo para volver a la infancia. 

A pesar de que ser adulto pueda resultar estresante también viene acompañado de cosas muy buenas, pero mi consejo es que vivas cada día intensamente y que nunca tengas prisa por crecer. Las cosas llevan su tiempo y aunque el fin sea uno hay que disfrutar del largo recorrido.

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